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viernes, 28 de marzo de 2014

22M ¿Una derrota triunfal?

Hemos de reflexionar profundamente sobre la ola de violencia que sistemáticamente puebla el final de las manifestaciones masivas, su origen, sus estrategias, sus significados, su utilidad y sus consecuencias. Es un análisis necesario y urgente pues sus consecuencias son devastadoras para el trabajo de muchos compañeros, que se ven amenazados una y otra vez por las Delegaciones del Gobierno con multas y sanciones, y para la lectura correcta del mensaje que, hacia los poderes del Estado y el resto de la ciudadanía, lanzamos con estas movilizaciones.

Mi mayor preocupación es precisamente el mensaje que reciben nuestros conciudadanos cuando suceden hechos como los que tuvieron lugar en el
inicio de la calle Génova de Madrid el sábado 22 de Marzo a las 20:20h de la tarde. Está claro, a nadie se le escapa, que estos hechos siempre se producen cuando las televisiones van a iniciar la emisión de sus informativos. La secuencia es siempre la misma, sobre las nueve menos cuarto suena un petardo potente y un grupo de violentos inicia los insultos y las acciones contra los efectivos de la UIP. Agitan las vallas, lanzan objetos, insultan, blanden palos. No suelen ser más de 10 ó 15 encapuchados que, tras conseguir que la policía abandone el vallado y acceda a la plaza, desaparecen a la carrera. Estos son los que encienden la mecha y se ve muy claro que lo que realizan es una acción perfectamente coordinada en tiempo y forma. Lo vimos en el primer Rodea el Congreso con aquellos que hasta se habían fabricado escudos con tapas de cubos de basura y, ya sin tanta parafernalia, se ha repetido en cada manifestación masiva. 

¿Qué ocurre en ese momento? En cuanto los provocadores, infiltrados o no, inician sus agresiones, el grueso de manifestantes da un paso atrás y les deja aislados, creando un espacio vacío de varios metros. No hace falta ser un gran estratega para discernir que si, en ese momento, una columna de efectivos penetra por ese pasillo y les "embolsa" los agresores serían fácilmente neutralizados y la manifestación podría continuar siendo pacífica. Pero la policía no actúa en ese momento; se limitan a salir del vallado. La multitud pacífica entonces se retira de forma automática y, en el espacio que queda, los violentos que han acudido, no los que iniciaron las agresiones, quedan solos para comenzar su particular guerra. Son integrantes de grupos violentos, de los autodenominadas "Antifascistas" tipo Black block, Bukaneros, R.A.S.H. Movimiento Antifascista y así hasta 31 organizaciones de las tipificadas como "Extrema Izquierda Radical" que lo mismo revientan una manifestación, se pegan con los ultras o la lían parda en un partido de fútbol; están integrados por jóvenes desbordados por la ira que luchan por hacerse un lugar dentro de una sociedad con demasiado culto al traje chaqueta y el pret-a-porter y demasiado dada a marginar aquello que, estéticamente, no hace juego con ella. No entro a justificarles ni a juzgar sus principios personales que, dialogados, me parecen tan válidos como los de cualquiera siempre que estén dentro de los postulados de la Carta de las Naciones Unidas, claro.

Una vez se ha producido la salida de algunos efectivos a la plaza el inicio de la violencia es inevitable: si cesa la provocación por parte de los grupos marginales, que evidentemente son poco numerosos, los UIP se moverán en pequeñas células, hostigando a las personas que están desalojando la concentración y atacando a los más débiles con especial dureza para crispar los ánimos. Si no se produce respuesta, una vez puesto en marcha el operativo la multitud es perseguida, se forman pasillos junto a los edificios y golpean a los que, sin haber intervenido en los altercados, se refugian de la violencia y están marchándose. Estamos hartos de verlo pero no lo analizamos en su conjunto. Si hay un grupo numeroso de violentos, las UUIP suelen esperar estáticos a que estos se envalentonen ante la falta de respuesta. La consigna política que tienen los mandos de las unidades es la de dejar crecer la violencia hasta un punto socialmente inaceptable que justifique ante los ciudadanos que no se han manifestado estas intervenciones. Para los responsables políticos el que una manifestación como los Rodea o las Marchas, fundamentalmente pacíficas, termine sin incidentes violentos supone la ruina puesto que en la siguiente se unirán muchos más contra sus políticas indecentes.

Y hemos de plantearnos la forma de dialogar con estos jóvenes airados y hacerles comprender que la violencia extrema, la destrucción de enseres, la rotura de escaparates, por muy bankarios que sean estos, o de mobiliario urbano lo único que hace es quitarnos fuerza. Hemos de conseguir que comprendan que lo que realmente hace crecer nuestra fuerza es el que no tengan excusa alguna para cargar contra miles de personas que expresan de forma firme su oposición a al Gobierno y a sus políticas antisociales.Han de comprender que nuestra fuerza no radica en los gritos, que radica en nuestra voz unida y en nuestra firmeza y determinación. Deben entender claramente que el hecho de que al final se hable de ellos y sus actos violentos y no de la manifestación y sus reivindicaciones es una derrota, aunque nosotros hayamos sido dos millones, nuestras reivindicaciones hayan sido expresadas con voz clara y recojan las de la inmensa mayoría, y ellos solo cincuenta tirando piedras y rompiendo escaparates los telediarios, las tertulias, los periódicos, etc, acallarán nuestra voz y les utilizarán como losa con la que sepultar nuestro trabajo y nuestra lucha. Es hora de acercarnos a ellos, dialogar y pedirles que cesen y, si quieren, que se unan a los demás. Es hora de que entiendan que la violencia no conduce a lugar alguno, que tenemos la fuerza de la razón y que la razón no se puede defender con la razón de la fuerza.

Cañamero lo dijo muy claro en la tribuna:

Cuando la miseria entra en una casa no pregunta a qué partido has votado o en qué organización militas o si eres de izquierdas o derechas; entra y te machaca aunque hubieras votado al PP. Es la unidad de todos, más allá de las siglas, más allá de las banderas. la que nos va a sacar de esta. La unidad de todos, incluso la de ellos con nosotros. No se pueden volver a repetir los incidentes del pasado sábado 22 de Marzo. Hablemos directamente con ellos, expliquémosles claramente en qué consiste la Dignidad y no cejemos hasta que lo comprendan.

Que así nos va.